Además, esta suelta de lastre se presentó de tal manera que el « consentimiento », el consenso de las firmas individuales, tenía que ser total. Si un espacio se negaba, se bloqueaba todo. Rechazamos este ultimátum y esta paradoja de consentimiento forzado. Tomamos una posición: que nuestra negativa a enviar proyectos y firmas era clara y respetable, pero para no bloquear el proceso, no habría veto.

Rechazamos las prácticas consideradas autoritarias, el chantaje que juega con nuestros miedos, el razonamiento impuesto basado en la urgencia, el cabildeo, etc., ya sea que provenga del interior o del exterior de la zona.

No aceptamos que ciertas personas excluyan a otras que luchan todos los días contra las normas, ya vivan aquí o en otro lugar. Ni que aquellas en situaciones irregulares puedan encontrarse amordazadas ... aunque estén apoyadas.

Rehusamos registrarnos en el Estado, colectiva o individualmente.

Podemos entender o podemos imaginar que hay quienes defienden estas «historietas» legalistas para ganar tiempo o recuperar la solidaridad de otros componentes. Pero ahora, viendo el desarrollo de los últimos meses y semanas, nuestra opinión es que todo se ha vuelto inútil, si no dañino.

Ya no nos identificamos con esta estrategia blanda.

Incluso en el Mejor de los Mundos, estos proyectos aceptados nos acercan al peor de los escenarios: una normalización que legitima vivir aquí a ciertas personas más que a otras.

Al final, a pesar de todas las presentaciones y las promesas, sentimos que la Legalización para Todos/as daña otras luchas que desean permanecer sin título de la propiedad, sin jefe, sin parcela, sin frontera...

Gracias a los/as solidarios/as que han llegado por el apoyo y por la buena onda.

Nuestros pensamientos están con nuestros/as amigos/as que han sido heridos/as o encarcelados/as.

Ahora vamos a apañárnoslas con quienes hablan de un "Nosotros/as".